En medio de un pesado silencio solo interrumpido por el llanto de los deudos, Joe Biden recibió el domingo los restos de los 13 militares estadounidenses muertos en un ataque en Kabul, una ceremonia difícil para un presidente fuertemente criticado por su gestión de la crisis afgana.
Uno tras otro los ataúdes fueron depositados en la pista del aeropuerto de la base militar de Dover, Delaware, delante del presidente y su esposa Jill.
Con la mano en el corazón, el presidente observó el descenso de cada uno de los ataúdes transportados por los soldados hacia vehículos oscuros,a veces agachando la cabeza en signo de meditación.
Las familias estaban a distancia, protegidas de las cámaras. Los sollozos a veces rompían el silencio.
Justo antes de la ceremonia, la delegación subió al enorme avión militar C-17 que transportaba los 13 ataúdes, para una breve oración fúnebre privada, según informó la Casa Blanca.

